Las inversiones son una carretera

Las inversiones son una carretera

Las inversiones y la vida tienen mucho en común. Ambas se pueden asemejar a una carretera, a ir en coche. Si no haces nada con el coche, si lo dejas parado, no avanzarás, y además tu coche terminará en un desguace, oxidado. Todo es movimiento, la vida es movimiento. Una vez te pones al volante de tu vida o de tus inversiones, te encuentras en el coche con el pedal del freno y el pedal del acelerador. Para avanzar, es vital pisar el freno para poder reflexionar y ver hacia donde vamos, y después el acelerador para movernos hacia nuestro objetivo.

No podemos prescindir del pedal del freno o del acelerador. Son vitales, de hecho. El pedal del freno tiene mayor tamaño que el del acelerador para que evites equivocarte, ya que si aceleras demasiado (sin querer) el daño será enorme, sin embargo, si frenas al pisar el pedal por error, las consecuencias no serán tan graves. Siempre es bueno parar y reflexionar.

En las inversiones sucede lo mismo, si tú aceleras y entras en las inversiones apretando el pedal del acelerador tendrás un gran problema porque no has analizado antes la inversión. Lo más probable es que termines herido (pierdes capital o caes en una estafa). Si deseamos movernos en la vida o en las inversiones, necesitamos primero frenar para poder analizar. Mucha gente dice «sí» a inversiones que desconoce, aprieta rápidamente el acelerador por miedo a perder la ocasión de hacerse rico o de obtener una ganancia. Pero… ¡cuántas veces ese “sí” prematuro, ese acelerador que pisamos, nos lleva a un accidente en las inversiones y en la vida también!

Un coche, una inversión, un objetivo, deben tener un pedal de “freno” y otro de “acelerador”, ambos son vitales. Y además en ese orden. El freno es el “No ahora” y el acelerador es el “Sí, me muevo”. Existe una metodología llamada “CAR” (qué mejor nombre, jejeje…) que nos permitirá tomar mejores decisiones en la vida y en las inversiones.

La C de Car es la captura de la información, de la inversión, de la decisión que tenemos que tomar. Es una propuesta concreta, algo que te preguntan o te solicitan. En esta primera etapa estoy con el coche apretando el freno. No se trata de contestar un «sí» (apretar el acelerador), sino de aplicar el hecho de capturar la información, solicitar más datos para luego pasar a la siguiente fase: la A. Aquí no decimos ni que sí, ni que no. Solo recopilamos la información (capturamos).

La A de Car es analizar dicha información que te acaban de dar, sea esta una inversión, una cita con un tercero, o cualquier cosa que estés estudiando. Antes de mover mi coche y apretar el acelerador, analizo la información o pido ayuda a un experto (práctico no teórico). Muchas de las inversiones ruinosas se producen porque directamente pasamos a apretar el acelerador.

Finalmente llegamos a la R de Car. Ahora damos respuesta “Freno o acelerador”, «sí» o «no». No antes.

Recuerda, la vida y las inversiones son una carretera, tú eres el conductor, tú decides si apretar el freno o el acelerador: todo dependerá del momento en el que elijas hacerlo y de la información que dispongas.

Para acabar, una anécdota simpática de inteligencia financiera:

«Una anciana se presentó a la caja del banco para hacer un retiro en efectivo. Le entregó al cajero su libreta y le dijo:

—Quisiera retirar 50€.

El cajero le respondió:

—Para retiros de menos de 600€, use el cajero automático.

La anciana preguntó:

—¿Por qué?

El cajero le contestó, sin mayor explicación, mientras le devolvía la libreta bancaria:

—Esas son las instrucciones. Por favor, hay gente detrás de usted esperando ¡Por favor, vaya al cajero automático!

La anciana permaneció en silencio unos segundos, luego devolvió la libreta al empleado del banco y le dijo:

—Por favor, ayúdeme a retirar todo el dinero de mi cuenta…

El cajero se asombró cuando revisó el saldo de la cuenta de la anciana y le dijo:

—Tiene 100.000€ en su cuenta y el banco no puede entregar esa cantidad en este momento. ¿Puede volver mañana?

Sin inmutarse, la anciana le preguntó cuánto podía retirar en el acto. El cajero le respondió:

—Cualquier cantidad hasta 3.000€.

La anciana le pidió entonces:

—Bueno, por favor, entrégueme 3.000 euros.

El cajero regresó enojado, sacó una pila de fajos de 5€, 10€ y de 20€ y pasó los siguientes diez minutos contando esos billetes de pequeña denominación hasta llegar a los 3.000€ solicitados. Se los entregó a la anciana y le dijo:

—¿Hay algo más que pueda hacer por usted?

En silencio, la anciana guardó 50 euros en su cartera y le dijo:

—Sí, quiero depositar estos 2.950€ en mi cuenta».

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