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Una forma de aprender es a través de las historias. Me encanta narrar cuentos o anécdotas que nos ayuden a pensar, a reflexionar y a extraer nuestras propias conclusiones.

Vayamos con una de mis preferidas: «El rey y el cuadro»

«Había una vez un Rey que decidió una mañana que deseaba el más bello cuadro, pero no un cuadro sobre cualquier tema, quería un cuadro en el que figurase el gallo más real posible, como si estuviese en su salón principal.

Invitó a todo su pueblo a pintar el gallo más hermoso, y a las pocas semanas empezaron a llegar cientos y cientos de preciosos cuadros. Gallos y más gallos, el rey estaba encantado pero se dijo:

  • ¿Cómo elegir el mejor cuadro? ¿El gallo más bonito?

Recordó que en el pueblo existía un anciano que había sido un gran artista, le pidió que fuese él quien eligiese el gallo más bonito de todos los cuadros presentados por su pueblo. El anciano se encerró durante 2 días con los cientos y cientos de cuadros.

Finalmente salió y le dijo al rey que ningún cuadro valía la pena. Ninguno se salvaba. El rey contrariado no podía creerlo: existián dibujos de gallos realmente expectaculares. Así que llamó al anciano artista para hablar con él:

  • Amigo, no lo entiendo hay cuadros de gallos maravillosos ¿cómo has llegado a la conclusión de ni siquiera seleccionar uno?

El artista anciano contestó tranquilamente:

  • Muy fácil mi rey: no puedo seleccionar yo el cuadro porque no entiendo nada de gallos. Además estoy lleno de prejuicios. Por tanto he utilizado mi sistema infalible. Puse todos los cuadros de pié en la pared y metí a verdaderos gallos en la habitación. Los gallos pasaron de largo y ninguno se fijó en los cuadros, si hubiera existido un solo cuadro verdadero los gallos hubieran cantado, o se hubieran fijado en alguno. Para los gallos no existia ninguno. Por tanto, no había cuadro alguno que se acercase a la realidad, que valiese la pena.

El rey se quedó pensativo y le dijo al anciano artista:

  • Bien, pues no me queda otra solución que encargarte a ti el cuadro. Necesito que me pintes el cuadro más bello posible que incluya un gallo. El más bonito y real. ¿Qué tiempo necesitas amigo?
  • Necesitaré 3 años para ello

El rey no rechistó, y le dijo que le habilitaba una gran casa real en medio del bosque para que trabajase más cómodo.

Pasó el primer año y el rey mandó unos soldados para revisar cómo iba su cuadro. Los soldados transmitieron al rey que el anciano se encontraba bien pero solamente obervaron que estaba rodeado de gallos. Nada más, ninguna pintura ni cuadro alguno.

Pasó el segundo año y nuevamente los soldados fueron a ver al artista, dieron parte al rey de lo que descubrieron: el anciano se encontraba como si fuese un gallo, no hablaba, solo cantaba como un gallo y se encontraba agachado, imitando a los gallos. ¡Alucinaron!

El rey estaba preocupado, pero esperó. Cuando se cumplió el tercer año mandó que le trajeran al anciano artista. Al llegar el rey se quedó pálido. Se encontró al artista como si fuese prácticamente un gallo, cantaba como un gallo, se movía igual, y prácticamente caminaba agachado. El rey no podía aguantar más:

  • Artista, ¿qué te pasa? ¿estás loco? ¿Dónde esta el cuadro que te mandé pintar?

El anciano miraba a todas partes y finalmente contestó:

  • Mi rey, ahora sí, ahora sí puedo pintar el cuadro. Ningún problema.

El rey intrigado le preguntó los motivos, ¿por qué esperar tanto? y el anciano artista contestó:

  • Necesitaba saber qué piensa, qué siente un gallo, hacerme uno de ellos, empaparme de cómo ven ellos el mundo, cómo se relacionan, su estilo de vida. Y así hice durante 3 años. Ahora estoy preparado.

Pintó su cuadro en unos días y llegó la prueba de fuego. Pusieron el nuevo cuadro e invitaron a entrar un gallo de verdad. Al entrar el gallo rápidamente vió el cuadro y se puso a cantar y a querer pelearse con el gallo que encontró enfrente suyo. Sin duda era un cuadro muy real.

La prueba reveló que el cuadro era el más bello y real. El rey consiguió su propósito.»

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Moraleja, mi lectura de esta bonita historia es la siguiente:

A. Estamos todos llenos de prejuicios, nos gusta hablar sin saber, queremos agradar y nos dejamos guiar por nuestro ego, pero vemos en esta preciosa historia como el anciano artista no quiso elegir el cuadro porque era humilde y no sabía nada o poco sobre gallos. Bonita lección.

B. Otra importante lección es la segunda parte: cuando el artista dedica mucho tiempo a estudiar, a imitar a los gallos. Se introduce en su mundo para poder pintar el más bello cuadro. No debemos pronunciar, etiquetar o hablar de algo si no contamos con la experiencia real, con el conocimiento práctico que dá el ponerse en la piel de ese personaje del que queremos aprender: ya sea un inversor, emprendedor, empresario, o agente inmobiliario. Para poder opinar hay que experimentar desde dentro. Llegar vacío y vivir dicho personaje. Así sabremos muchas más cosas con los ojos de quien lo ha vivido.

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