Amo el baloncesto, siempre lo he amado. Y he admirado a Phil Jackson, uno de los mejores entrenadores de baloncesto: Consiguió 2 campeonatos de la Nba como jugador, y como entrenador obtuvo 11 títulos. Me encanta su filosofía. En los años como entrenador en la NBA, Phil Jackson enseñó a sus jugadores a no alegrarse de vencer al adversario. Jackson multaba a los jugadores que hicieran lanzamientos de tres puntos al final del partido si iban ganando por una diferencia de veinte puntos.
Explicaba la importancia del trabajo en equipo y que la actitud de un guerrero de baloncesto debía ser como «un modo de rendir homenaje a la humanidad de ambos equipos y a la vez reconocer que sólo puede haber un ganador. Un modo de mostrar respeto y no odio al enemigo (al equipo contrario). Y sobre todo, un punto de vista amplio sobre la competición que abarca a ambos como contrincantes como pareja de un mismo baile». La opinión de Jackson refleja su creencia en la importancia de valorar y respetar al adversario. Abrimos nuestros corazones al verlos como iguales. Cuando adoptamos esta actitud, pasamos de la separación a la comprensión de la relación que hemos creado conjuntamente con nuestros adversarios.
Phil Jackson decía: «Quien pierde los estribos es un simple.»

En los play offs de la Nba en 1.990 comentó lo siguiente:
«Me di cuenta de que el verdadero enemigo de los Chicago Bulls era la cólera, no los Detroit Pistons. La cólera era el demonio al acecho que dominaba la mente del equipo e impedía estar plenamente atentos a los jugadores.»
Debemos controlar la cólera para mantener activos el corazón y la mente frente al conflicto. La cólera nos distrae. Cuando nos domina, nos gobiernan los instintos basados en la supervivencia y podemos vernos privados de nuestras capacidades creativas. Cerramos nuestro corazón y nos exponemos a nosotros mismos y a los demás a sufrir daños. Reaccionamos inmediatamente en vez de dar una respuesta ponderada. Pobres resultados. Cuando nos encolerizamos hacemos a menudo cosas que después lamentamos.
El escritor Ambrose Pierce decía:
«Habla cuando estés encolerizado y harás el discurso que más vas a lamentar toda tu vida.»
No discutas con tus hijos, con tus padres, con tus amigos, con tus compañeros de trabajo si la cólera te domina. Hay un proverbio chino muy ilustrativo:
«Si tienes paciencia en un momento de cólera, te librarás de cien días de aflicción.»
Un texto chino de hace tres mil años sobre el conflicto: The Art of War, se refiere a las pérdidas innecesarias que se sufren en la batalla cuando no se domina la cólera:
«Si el general no vence su cólera y los lanza en tropel como si fueran hormigas, un tercio de sus oficiales y soldados caerá y la ciudad amurallada no será conquistada. Este es el gran problema del ataque.»
Los grandes negociadores tienen como alternativa el arma de la cólera para utilizarla contra su adversario; dejan que la cólera le envuelva para que tome pésimas decisiones.

El filósofo Séneca dijo en su tratado Acerca de la cólera:
«Podría argumentarse que contra los enemigos es necesaria la cólera. Todo lo contrario, lo que hace falta en ese caso es no reaccionar con impulsos, sino mantener el control y la capacidad de respuesta. ¿Qué es lo que anula al bárbaro, por mucha fuerza corporal y resistencia que posea? ¿Qué mayor enemigo tiene que su cólera? Del mismo modo que los gladiadores, a quienes la destreza les protege y la cólera los deja indefensos.»
La forma de controlar la emoción es dejarla fluir. Te animo a que pongas en práctica cuatro sugerencias para que no te domine la cólera:
- Respira. Mírate en el espejo, respira, pon una cara rara y sonríe.
- Duda. La duda es la mejor cura para la cólera, duda, pregunta y pregunta. Y duda de tus motivos.
- Ir a las raíces. Persigue al dolor, tu enfado, tu enojo. Busca la raíz del problema, de la cólera.
- Recuerda el dicho africano: «No se ahuyenta a la mosca enfadándose con ella.»
El filosofo judío del siglo XX Martin Buber dice que cuando valoramos nuestra mutua dependencia y valor, pasamos a una relación «yo-tú». Nuestro adversario se convierte en nuestro igual a todos los efectos. En cambio, a veces adoptamos el esquema «yo-cosa» cuando el «otro» es un mero instrumento de nuestro éxito. «Tú» es un objeto, algo que puede servirme y de lo que puedo prescindir sin problemas. No le doy más valor que su utilidad. Estamos separados, no igualados como nos enseña Phil Jackson. A diario elegimos entre «yo-tú» y «yo-cosa». Muchas tradiciones espirituales sostienen que todas las relaciones de este mundo -árboles, animales y agua- deben basarse en el esquema «yo-tú». Opino de la misma forma.
Hay una frase que me encanta de Gerry Spence (abogado, escritor y fotógrafo estadounidense):
«Hemos aprendido a dominar a las personas como cosas, pero cuando se trata de relacionarnos como personas estamos en la Edad Media.»
Para terminar, te deseo un Feliz 2.014. Que sea mágico para ti y los tuyos. Como no podía ser de otra forma te dejo con un vídeo emotivo, que quizá te haga reir, llorar, en definitiva emocionarte.
Si eres madre o padre te vas a sentir identificado con este vídeo. Seguro que sí!!! Somos demasiado exigentes, duros, y vemos la realidad de una forma un tanto especial. Si ves el vídeo lo podrás entender. No seas tan rudo ni tan critico contigo mism@.
Vídeo: «Como ves las cosas y como te ven a ti»
Duración: 3 minutos.
https://www.youtube.com/embed/veCII8XHcoc?rel=0
Si deseas escuchar más audios o podcasts haz clic aquí.
Si quieres ver los próximos eventos o seminarios de la Escuela de Inversión en directo haz clic aquí.
Si quieres más seminarios o cursos gratuitos haz clic aquí. Y también dispones de más eventos on line gratis si haces clic aquí.
Si quieres dar un paso más visita nuestra tienda, haz clic aquí
Si te gusta la Bolsa aquí tienes más información, haz clic aquí
Otros vídeos Cursos seminarios haz clic aquí. Otros vídeos haz clic aquí.
Más vídeos sobre educación financiera haz clic aquí.
Si te gusta Internet, los negocios on line, o ser un emprendedor de esta era digital registrate aquí.