Dar X o 5X

Dar X o dar 5X

Una empresa, una persona, un negocio, un empresario, un emprendedor o un trabajador vale en función de lo que aporta al mercado, a la sociedad. La vida es muy sabia y normalmente equilibra los beneficios con respecto a lo que aportas. A más valor, más recompensa. Si aportas 5X lo normal es que (más pronto que tarde) recibas 5 veces más beneficios. Es la ley de la vida. No solamente en dinero, sino beneficios en forma de sincronicidad, nuevos contactos, oportunidades, negocios y/o elogios.

La mayoría de las personas aportan X y reciben X. Muchas están equilibradas, y esto no está mal, no lo critico, pero a mí me atraen los desequilibrios: aquellos pocos que aportan 5X, cinco veces más de lo que la otra parte espera. Aquí aparece la magia.

Es como la mentira, puedes mentir una vez, pero si lo haces frecuentemente, la vida te quitará mucho más de lo que imaginas: prestigio, confianza, dinero, amistades… La gente quiere estar con personas honestas, con personas que se entregan a los demás, que aportan 5X. Cuando alguien espera X y tú le entregas 5X, te conviertes en un “diamante”, en un profesional/persona excelente. En alguien valioso para la sociedad. El juego se llama aportar más valor de forma masiva, pero no buscando la recompensa multiplicada por cinco, sino la satisfacción de hacer bien las cosas, de ayudar a otro ser humano, a que su vida sea más útil y cómoda.

Las recompensas llegan siempre cuando eres alguien valioso (para ti, para tu entorno y para la sociedad). Al final detrás de un gran producto, servicio, negocio o idea hay un ser humano que aporta 5X, en lugar de X. La gente espera X, pero tú das más y más. A mí me ha funcionado esta forma de pensar, de actuar, de vivir. Cuando una actividad no te gusta o no te llena, es complicado dar 5X: te encuentras siendo un impostor. Por eso es tan importante vivir y trabajar con sentido.

Te animo a dar siempre 5X, tal y como muestra esta bonita historia de un joven que buscaba un ascenso en su empresa. Refleja mucho esta actitud de no conformarse con una simple respuesta, sino de ir mucho más allá. Espero que te inspire y te ayude a mejorar:

«Juan trabajaba en una empresa hacía dos años. Era muy serio, dedicado y cumplidor de sus obligaciones. Llegaba puntual y estaba orgulloso de no haber recibido nunca una amonestación.

Cierto día, buscó al gerente para hacerle una petición:

—Señor, trabajo en la empresa hace dos años con bastante esmero y estoy a gusto con mi puesto, pero siento que he sido dejado de lado. Mire, Fernando ingresó a un puesto igual al mío hace solo seis meses y ya ha sido promocionado a supervisor.

—¡Ajá! —contestó el gerente.

Y mostrando cierta preocupación le dijo:

—Mientras resolvemos esto quisiera pedirte que me ayudes con un problema. Quiero dar fruta para la sobremesa del almuerzo de hoy. Por favor, averigua si en la tienda de enfrente tienen frutas frescas.

Juan se esmeró en cumplir con el encargo y a los cinco minutos estaba de vuelta.

—Bien, ¿qué averiguaste?

—Señor, tienen naranjas para la venta.

—¿Y cuánto cuestan?

 —¡Ah! No pregunté.

—Bien. ¿Viste si tenían suficientes naranjas para todo el personal?

—Tampoco pregunté eso.

—¿Hay alguna fruta que pueda sustituir la naranja?

—No lo sé, señor, pero creo que…

—Bueno, siéntate un momento.

El gerente cogió el teléfono e hizo llamar a Fernando. Cuando se presentó, le dio las mismas instrucciones que a Juan, y en diez minutos estaba de vuelta.

El gerente le preguntó:

—Bien, Fernando, ¿qué noticias me traes?

 —Señor, tienen naranjas, las suficientes para atender a todo el personal, y si prefiere, tienen plátanos, papayas, melones y mangos. La naranja está a 1,50 euros el kilo; el plátano, a 2,20 euros el kilo; el mango, a 1,90 euros el kilo; la papaya y el melón a 2,80 euros el kilo. Me dicen que, si la compra es por cantidades nos darán un descuento del diez por ciento. Dejé separadas las naranjas, pero si usted escoge otra fruta debo regresar para confirmar el pedido.

—Muchas gracias, Fernando. Espera un momento.

 Entonces se dirigió a Juan, que aún seguía allí:

—Juan, ¿qué me decías?

—Nada, señor… eso es todo. Sigo con mi trabajo».

Cuando una actividad no te gusta o no te llena, es complicado dar 5X: te encuentras siendo un impostor. Por eso es tan importante vivir y trabajar con sentido.

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