634 May. 13 19.16

Habían pasado semanas y no encontraba a Jerry. Le llamé por teléfono, nada, fui a su preciosa casa y nada. Ya sabía que Jerry era el dueño y señor de su tiempo: lo valoraba mucho. Sobre todo tenía la rara virtud de escucharse a si mismo. No dejaba que las circunstancias lo atasen de pies y manos.

Sin embargo, ya había transcurrido un mes y no tenía noticias de él. Estaba empezando a preocuparme. Me encontraba leyendo un libro en la terraza, y mi hija Sara vino corriendo con el teléfono en la mano:

– ¡Papá, Papá es Jerry!.

– ¡Bien! Sara, estupendo.

Cogí el teléfono y me disponía a regañarle.

– Jerry, ¿Dónde estás amigo? -le dije-

– Hola Juan, se que me has llamado, pero ya me conoces. Me levanté un día y me dije, vamos a parar con mis actividades y a romperle la cara a ese enemigo que es “La rutina”, así que cogí mi coche y me marché sin rumbo fijo. Mil disculpas, pero quería soledad.

– Bueno, Jerry, pero un mail o un sms no hubiese estado de más, ¿verdad? Eres como de la familia, llevamos muchos años juntos. – le comenté con tono un poco jocoso-

– Cierto Juan, pero me dejé el móvil y el ordenador en casa. Nada de contacto con nadie. Pero bueno, lo pasado pasado está. Te llamo para hablarte de algo que quizá te pueda servir ¿nos vemos para tomar un café donde siempre? -preguntó Jerry-

– Claro, Jerry, hecho de menos tus lecciones, cuentos, anécdotas. Siempre aprendo de ti. ¿A que hora?

– ¡Genial!, a las 17 horas entonces. Por cierto, piensa en esta frase: “Duerme cuando hay tormenta”; te contaré una anécdota curiosa que quizá te sirva en tu trabajo -me comentó Jerry con cierto aire de misterio-

– ¡Jerry! ya me estas haciendo pensar -le dije- vale, pensaré en ello. Nos vemos a las cinco. Chao.

Pasaron las horas y seguía dando vueltas a esa frase: “Duerme cuando hay tormenta”. Qué quiere decirme Jerry… y además, me comenta que puede serme útil en mi trabajo. ¡Qué curioso! lo admito, Jerry conocía muy bien a qué me dedicaba en La Escuela de Inversión,  qué intentábamos dar otro enfoque, otra actitud ante la vida para que la gente ordenase las prioridades. No lograba descifrar esa frase.

A las 17 horas ya estaba ansioso de abrazar a Jerry. Le ví como llegaba caminando y mirando con curiosidad todo a su alrededor, era gracioso observarlo, parecía un niño que descubría por primera vez una cafetería. Era su manera de captar lo que le rodeaba.

Nos pusimos a charlar y me contó a los pocos minutos esta historia que quiero compartir contigo:

“Un hombre busca empleo en una granja. Le entrega su carta de recomendación a su nuevo jefe. La carta dice simplemente: -Duerme cuando hay tormenta-

El propietario necesita ayuda a toda costa, de manera que contrata al hombre. Pasan unas semanas y de pronto, en mitad de la noche se desencadena una fuerte tormenta en el valle. Los remolinos de lluvia y el aullido del viento despiertan al propietario, que salta de la cama. Llama a su nuevo empleado, pero el hombre está profundamente dormido.

Así pues, se dirige a toda prisa al establo. Para su asombro ve que los animales se encuentran a salvo y tienen comida en abundancia. Sale corriendo hacia el sembrado. Ve que los fardos de trigo están atados y cubiertos con lona impermeabilizada. Se dirige hacia el silo a la carrera, las puertas están bien cerradas y el grano seco.

Y entonces lo comprende: -Duerme cuando hay tormenta-“

Jerry me contó que esa historia se la contó su padre cuando era pequeño, y que en su afán de ganar dinero, éxito y reconocimiento cayó desde muy alto porque no se preocupó de aplicar esa simple frase: dormir cuando hay tormenta. Hay personas que (por La Escuela de Inversión) me comentan las dificultades que están pasando en sus negocios, con sus hipotecas, con las grandes deudas contraídas, con los crecientes pagos y facturas. Se encuentran perdidas, y mi humilde consejo también tiene que ver con la moraleja de esta historia: “Duerme cuando hay tormenta”.

Dormir no quiere decir agachar la cabeza, olvidar, dejar de luchar, rendirse: ¡no!; dormir no es mirar a otro lado. Dormir para mí es hacer una lista con aquellas cosas prioritarias: tu familia, un lugar para vivir, comida, tiempo para ti, para crecer, cuidar tu cuerpo que te acompañará toda la vida, disfrutar del tiempo. Hay gente que pone como prioridad pagar la hipoteca cuando casi no puede ver a sus hijos porque trabaja todo el día. Uno puede haber hecho las cosas mal en el pasado (por ejemplo pensar que la vivienda jamás bajaría de precio, o quedarse con un 30 % de los ingresos que ganaban hace 3 años), pero es tiempo de dormir si ahora hay tormenta. Dormir es pensar en soluciones creativas, en reflexionar qué puedo hacer para hacer más rica mi vida (no cosas para tener), es empezar a ahorrar con fuerza incluso ahora que hay mucha gente queriendo que le pagues. Todos deben entender que si tú te hundes, ellos no cobrarán jamás. Por tanto, es tiempo de ser egoísta, de pensar en ti y en los tuyos, en reunir fuerzas para seguir adelante. Pero sin penas, sin culpas y con la cabeza levantada.

Si tenemos que cambiar cosas, hagámoslo ahora para que cuando surja la próxima tormenta podamos dormir. Actuemos hablando con aquellos bancos, personas, empresas a las que debamos abonar una deuda e intentemos un cómodo aplazamiento. Si el banco no quiere escucharte quizá sea tiempo de abandonar tu casa e ir a una alquilada pero donde la presión ya no exista. Sé que habrás perdido miles o cientos de miles de euros, pero: ¿sabes cuánto te queda de vida como para condenar tus próximos 10 años sin poder disfrutar del presente? A veces seguimos corriendo, y más trabajo, más horas, más tristeza en nuestras vidas porque estamos envueltos en un laberinto sin fin.

Duerme cuando hay tormenta, escúchate a ti mismo-a. No digo que no pagues, pero tampoco te digo que por mantener un determinado nivel de vida tengas que condenar tu presente. Nos agarramos a soluciones que vemos a nuestro alrededor, lo que hacen los amigos, los vecinos. ¿Pero que es para ti lo más prioritario? ¿Que hará el que vuelvas a sonreír, a pasear con tus hijos, a estar con tu pareja? ¿Crees que será trabajando más horas para pagar el que…? Solo pretendo que reflexionemos, esto fue lo que Jerry me contó, y me quede muy pensativo.

Te dejo con un video de una anécdota que conté en un curso sobre: “Cómo analizar inmuebles”. Es un curso digital que impartí en Alicante para Aefi (Asociación de expertos en Formación Inmobiliaria), y que en las próximas semanas quien lo desee puede realizarlo desde casa, si quieres más información haz clic aqui.

En dicha anécdota comentó la importancia de donde mandar nuestro dinero, espero que te guste.

Video: “Anécdota los monos y el señor Din ¿Donde mandamos a nuestro dinero?

Duración: 4.59 minutos.